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¿Y si el problema no es la falta de talento, sino de humildad?

Por Vercuentos
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Desarrollar Humildad
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Hay personas que parecen tenerlo todo: inteligencia, habilidades, ideas brillantes. Pero a veces, lo que les impide avanzar no es una falta de capacidades, sino la falta de humildad.

Lo curioso es que esto no empieza en la edad adulta. La humildad, o su ausencia, empieza a construirse en la infancia. Y por eso es tan importante trabajarla desde pequeños.

La humildad se aprende#

Muchos niños y niñas crecen con la idea de que equivocarse es malo. O que si no tienen razón, valen menos. Algunos aprenden a competir en todo, pero no a colaborar. Y pocos reciben herramientas para decir con tranquilidad: “me equivoqué”, “no lo sé”, o “gracias por enseñármelo”.

Con el tiempo, esto se traduce en adultos que no escuchan, no aceptan críticas y se resisten a reconocer sus errores.

La buena noticia es que esto se puede cambiar. Y cuanto antes se empiece, mejor.

Cómo se manifiesta la falta de humildad en la infancia#

La falta de humildad no siempre se ve como algo grave, pero tiene muchas formas:

Interrumpe para imponerse

Le cuesta hacer sitio a una opinión distinta de la suya.

Niega el error

Vive la equivocación como una amenaza a su valor o a su imagen.

Se burla de quien falla

Utiliza el error ajeno para sentirse por encima.

Busca protagonismo

Desprecia las tareas discretas aunque sean necesarias para el grupo.

Rechaza sugerencias

Interpreta una aportación como crítica o pérdida de control.

Necesita ganar siempre

El resultado ocupa más espacio que el juego, la relación o el aprendizaje.

No lo hacen por maldad. Lo hacen porque todavía están aprendiendo otras formas de relacionarse. Están en pleno desarrollo y necesitan referentes que les muestren cómo reconocer errores, colaborar, escuchar y valorar a los demás.

Además, su cerebro aún está madurando. La zona encargada de la autorregulación emocional, la empatía, la toma de perspectiva y el control de impulsos (la corteza prefrontal) no está completamente desarrollada durante la infancia. Esto hace que, de forma natural, les resulte más difícil controlar sus reacciones, aceptar límites o ponerse en el lugar del otro.

Qué es realmente la humildad#

La humildad no es callarse, no es obedecer sin pensar, ni quitarse valor. La humildad es:

Escuchar y valorar

Atender con respeto y reconocer lo que otras personas aportan.

Aprender y pedir ayuda

Aceptar que todavía no sabemos algo y buscar apoyo cuando lo necesitamos.

Agradecer y reconocer

Dar las gracias y apreciar un trabajo aunque no sea perfecto.

Compartir el espacio

Participar sin necesitar sobresalir ni tener siempre la razón.

Igual que enseñamos a sumar o a lavarse los dientes, también podemos enseñar a ser humildes. Y cuanto antes empecemos a trabajarlo, mejor.

Cómo podemos practicarla#

En Vercuentos, hemos preparado una programación por sesiones para trabajar la humildad. Cada sesión combina cuentos, dinámicas, preguntas y situaciones cotidianas.

No les hablamos de la humildad como un “valor abstracto”. Les ayudamos a vivirla, entenderla y practicarla de forma cercana, natural y sobre todo, útil.

Porque un niño que aprende a ser humilde hoy… Será un adulto que escucha, que colabora, que admite sus errores y sigue aprendiendo. Un adulto que no necesita tener siempre la razón, ni destacar por encima de nadie para sentirse valioso. Y eso es un regalo para cualquier grupo, familia o sociedad.

La humildad no enseña a hacerse pequeño. Enseña a seguir aprendiendo sin necesitar demostrar que ya lo sabemos todo.

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