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Cuento

Cuento: El precio de la vanidad

Cuentos con valores
Por Adriana Fraile
Violeta, la mariposa, y Olivia, la oruga, en la portada de El precio de la vanidad

Había una vez una hermosa mariposa llamada Violeta que brillaba con colores deslumbrantes.

Pasaba horas admirando su propio reflejo en el estanque, arreglando sus delicadas antenas y desplegando sus alas con orgullo.

Sin embargo, su obsesión por su apariencia y la constante admiración propia la había llevado a aislarse de los demás, generándole una sensación de soledad y tristeza a pesar de su evidente belleza.

Un día, mientras volaba entre los árboles, se encontró con una oruga gordita y feliz llamada Olivia.

Aunque Olivia no deslumbraba con los mismos colores vibrantes que Violeta, emanaba una personalidad encantadora y una actitud positiva que atraía a todos a su alrededor.

Violeta no pudo evitar compararse con Olivia y le dijo:

—¿Cómo puedes estar tan feliz con esa figura? ¡Mira lo hermosa que soy yo! ¿No te gustaría ser como yo?

Olivia sonrió con tranquilidad y respondió:

—No, gracias. Me gusta ser quien soy y estoy feliz con mi vida.

Las palabras de Olivia sorprendieron a Violeta. Le costaba comprender cómo alguien podría sentirse tan seguro de sí mismo sin tener que depender de la admiración de los demás.

Comenzó a reflexionar sobre el tiempo que pasaba admirándose a sí misma y cómo eso afectaba su relación con los demás.

Desde ese día, decidió dejar de preocuparse tanto por su apariencia y se esforzó en ser una mejor amiga y compañera para los demás animales del bosque.

Y es que la verdadera belleza no proviene únicamente de la apariencia física, también de la personalidad y la actitud.